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lunes, febrero 05, 2007

CUENTOS DE LA GUADAÑA

2


(segunda entrega, ver cuentos de la guadaña 1)


Eddy, había sido un escritor de prestigio. Hacía seis años que no publicaba ninguna novela. Desde que su mujer lo abandonó, no había levantado cabeza. El whisky ahogaba cada una de sus palabras. Se había convertido en un hombre irascible y descuidado.
- Oh, sí, sí, perdone, ese soy yo, aunque es raro que la gente me reconozca, es una época decadente para el género - ¿Le gusta esa clase de literatura?
- Profundamente. Soy un estudioso del tema. Me interesa mucho la muerte
Su voz tenía un tono grave, áspero. Recitaba cada sílaba pausadamente.
- ¿La muerte?.
- Sí, la muerte, la puerta a la otra vida, el centinela entre lo conocido y lo desconocido.
- Ah, ya, ya. Replicó Eddy, como queriendo cortar la conversación. - «ya me ha tocado otro colgado»- pensó
- ¿No es eso lo que escribe en sus libros?
- Entre lo que uno escribe y lo que cree puede haber serias diferencias.
- ¿En su caso, las hay?
Eddy buscó su petaca en el bolsillo interior de la chaqueta. Llevaba su nombre inscrito y una calavera gravada. Un regalo de su editor. Jodido chupasangre. Echó un largo trago.
- Desde luego. Espetó. Aunque dudaba de su propia apreciación.
- ¿Ha perdido la fe?
- ¿A qué se refiere?
- Un escritor debería estar implicado con lo que escribe. Es responsable de sus palabras
- ¿Implicado dice?. ¿Por qué no le cuenta eso a mi mujer?. ¡He perdido mi vida implicándome en su jodida muerte!. Sabe una cosa. La estoy esperando. Que venga, ¡que venga con su puta guadaña a buscarme!, no tengo nada que perder, no me queda nada.
- ¿En serio?, ¿en serio desea eso?. Tenga cuidado con lo que dice.
- ¿Qué tenga cuidado con qué?
- Con lo que dices Eddy
- ¡Pare aquí mismo, me bajo!. Estoy harto de esta conversación
El vehículo se detuvo en seco.
- ¿Cuánto le debo?
- Me debes mucho, Eddy. Replicó el taxista, ahora tuteándole, cómo si lo conociera de siempre.
- Pero vamos a ver, esto es una broma ¿no?, es eso, ¿quién te ha contratado?, eres un actor ¿verdad?. ¿Ha sido Carmen?. ¿Ha sido mi mujer?. ¿Quién coño eres tu?.
Eddy intentó ver su cara mirando al retrovisor, pero estaba totalmente empañado. De pronto un chasquido sobresaltó a Eddy. Se habían cerrado todas las puertas del coche.
- Loco hijo de puta - gritó a la vez que se lanzaba sobre el taxista.
Sus brazos intentaron agarrarlo del cuello pero lo único que consiguió hacer fue abrazar el vacío, sus brazos habían atravesado por completo a aquella persona, o lo que fuese.
- Dios santo, ¿qué... qué pasa aquí?, ¿qué coño eres?
- ¿Quieres morir Eddy?
No había escuchado la pregunta. Estaba realmente asustado. Su cuerpo de nuevo se había quedado inmovilizado. Su pecho le pedía a golpes salir de allí. Temblaba como si la temperatura hubiera bajado diez grados de golpe.
Por unos instantes su mente volvía a funcionar, había tomado la decisión de escapar de allí. Sus puños golpearon con fuerza los cristales de las puertas una y otra vez. Su esfuerzo fue inútil. Tenía miedo, una gota de sudor frío le recorría la frente, el taxista volvió a preguntar.
- ¿Qué sabes de la muerte Eddy?
Eddy estaba demasiado nervioso para poder pensar con claridad, se preguntaba por qué, porqué, una y otra vez, como le podía estar pasando una cosa así.
Los cristales del vehículo estaban totalmente empañados, no se veía el exterior. Todo se había convertido en una gran caja de sorpresas en la cual estaba metido y no sabía como salir, tenía que serenarse - «serénate, tranquilo, esto no está pasando» - se repetía frenéticamente - «serénate, toma el control» - sus pulsaciones estaban bajando - «quizá sea material para un libro, joder siempre pensando en el trabajo, eres incurable Eddy, pero esta vez es real y estás acojonado»
- ¿Qué eres? - preguntó Eddy con la voz entrecortada
- ¿Quieres que te lleve al otro lado, Eddy?
No pudo contestar, no podía articular ni un sólo sonido aunque su mandíbula estaba casi desencajada de intentar hacerlo, se estaba quedando sin aire. De pronto, los cristales del coche empezaron a proyectar imágenes horripilantes, imágenes hechas del vaho, del último aliento de los que ya no están con nosotros. Aquellas imágenes le gritaban con sonidos indescifrables de un mundo desconocido, le contaban historias, historias del otro lado...





Proximamente la primera historia: Oscuridad

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