descripcion

martes, marzo 27, 2007

FUTBOL


"El fútbol es una versión diferente acerca del mundo"
Nick Homby
[Escritor inglés]

"Podremos tener la mejor hinchada del mundo, pero jamás he visto a un hincha marcar un gol"
Jock Stein
[Entrenador escocés]

"En el fútbol quien más debe correr es la pelota; sino ya sería suficiente formando un equipo con carteristas"
Neném Prancha
[Filósofo brasileño]

"Para ser un buen futbolista no basta con la buena técnica individual; es imprescindible saber cómo, dónde y cuándo utilizarla"
Roberto Perfumo
[Futbolista argentino]

"Si estás en el área y no sabés que hacer con la pelota: intentá mertela en el arco; ya discutiremos las alternativas más tarde"
Bill Shankly
[Entrenador escocés]

"La pelota no admite trucos, solo efectos sublimes"
Jean Giraudoux
[Escritor francés]

"El fútbol es nada más que una fantasía, dibujitos animados para mayores"
Osvaldo Soriano
[Escritor argentino]

"El fútbol es la religión diseñada en el siglo xx más extendida del planeta"
Manuel Vázquez Montalbán
[Escritor catalán]

"El fútbol ahora se llama Ronaldo"
Ereskia



Fuente: Misceláneas del fútbol

viernes, marzo 23, 2007

THE ONE THAT GOT AWAY

Mientras leía un libro de la Segunda Guerra Mundial, me llamó la atención una anécdota sobre un aviador nazi al cual el libro le dedicaba apenas cuatro líneas. Buscando información sobre el susodicho, constaté que no había sido el único al que le había interesado. Se había escrito un libro e incluso hecho una película. Resultó ser una de las historias más increíbles de la segunda guerra. La historia de una de las mejores fugas de la historia.

FRANZ VON WERRA

Franz Von Werra nació el 13 de julio de 1914 en Leuk, Suiza. Piloto de la Lutwaffe, fuerza aérea alemana, participó en las campañas de Francia e Inglaterra. Fue en esta última donde empieza esta historia.
El 5 de septiembre de 1940, mientras participaba en una misión de bombardeo sobre el sur de Londres, Von Werra fue derribado por un Spitfire de la RAF. Capturado por los ingleses fue enviado a un campo de prisioneros de guerra.
El 7 de octubre escapó mientras le dejaban pasear a las afueras del recinto pero solo cinco días más tarde fue apresado de nuevo.
El 3 de noviembre le enviaron a otro campo de prisioneros. Allí conoce a un grupo de presos que planeaba una fuga.
El 17 de diciembre consiguen escapar a través de un túnel. Todos son capturados menos Franz Von Werra.
Von Werra se presenta en un aeropuerto militar varios días después y argumentando que es un piloto holandés de la RAF intenta conseguir un avión. Su intento es frustrado y es detenido por tercera vez.
En enero de 1941 es enviado a Canadá a otro campo de prisioneros. El 21 de ese mismo mes, mientras viajaba en un tren de prisioneros, salta del tren en marcha. Otros siete saltan con él. Todos son detenidos menos Von Werra.



Afortunadamente, está cerca de los Estados Unidos, neutral a esas alturas de la guerra. Al otro lado de la orilla del río Saint Lawrence , uno de los más caudalosos del mundo, estaba la frontera. A pesar del duro invierno canadiense y de las aguas gélidas, Franz Von Werra logra cruzar al otro lado, pero allí le esperan las autoridades estadounidenses. Una vez en los Estados Unidos, la oportuna injerencia del cónsul alemán hace que no sea extraditado a Canadá. Las autoridades canadienses lo reclamaban, no por haberse escapado, sino por haber robado un bote para cruzar el río. Estados Unidos alegó que el robo del bote fue un delito que cometió el capitán Von Werra con la única intención de evadirse. No se sirvió de violencia alguna y no atentó contra la vida ni integridad de nadie, ni robó con propósito de lucro, ni causó daños materiales contra la propiedad pública.
El cónsul aleman le ayuda a embarcar hacia México. Desde allí inicia un periplo pasando por Río de Janeiro, Barcelona, Roma y finalmente regresa a Alemania el 18 de abril de 1941.
Allí es recibido como un héroe y Hitler le concede personalmente la Cruz de hierro, condecoración concedida a muy pocos soldados.
Franz Von Werra es el único aviador alemán que logró escapar de un campo de concentración de prisioneros.


El 25 de octubre de 1941 Von Werra desaparece en una rutinaria misión en Holanda.



lunes, marzo 19, 2007

IRAN CONTRA EL FILM 300




La película 300, que ya os recomendé y que se estrenará el próximo viernes 23 de marzo en España, está siendo un éxito de taquilla en EUA (ha recaudado 71 millones de dólares (53,7 millones de euros en el primer fin de semana) pero está levantando ampollas en IRAN (Irán se extiende hoy en el territorio de la antigua Persia).

Los medios iraníes sostienen que la cinta forma parte de una "guerra psicológica" ejercida por Estados Unidos. Según los iraníes la película no tiene ningún rigor histórico. Además caracteriza a los persas como "salvajes" y a su gran monarca Jerjes como un "homosexual" cosido a piercings.

"Hollywood ha declarado la guerra a los iraníes", ha exclamado el diario reformista Ayandeh-No.

Según el periódico, "el mensaje que recibe el espectador es que Irán, que sigue formando parte del eje del mal, es una fuente de mal desde hace tiempo y que los ancestros de los iraníes son los asesinos salvajes e imbéciles descritos en 300.

Javad Shamaqdari, consejero cultural del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad, señaló que el filme "saquea el pasado histórico de Irán e insulta a su civilización".

Tres miembros del Parlamento Iraní se han dirigido por escrito al ministro de exteriores de su país para protestar contra la producción y proyección de lo que han denominado "un filme de Hollywood anti-iraní".

El representante de Irán ante la UNESCO, Mohammad-Reza Dehshiri, a través de una carta dirigida al director general de la organización, ha criticado la filmación de la película de Warner Bros '300', a la que catalogó de "antiiraní", y para la que pidió una condena firme.

Zack Snyder (Amanecer de los muertos), director de la película, ha advertido desde el principio de que su intención es ofrecer una película entretenida antes que una recreación histórica. “He querido hacer una película para mí. Siempre que veo una película como ésta me parece que todo acaba cuando se pone interesante. Siempre quiero un poco más que no me dan. Quiero subir un poco el volumen y que digas: ‘¡Qué es eso! ¡Estás alucinando! ¡Eso no lo hicieron de verdad!’. Incluso en las escenas de sexo; no es porno, pero está al límite”.

Como podéis ver, esta película no va a dejar indiferente a nadie. Ahora os dejo con un adelanto de 300 segundos. (No es el trailer).





Fuentes: Informativos Telecinco, La Vanguardia, El Pais

miércoles, marzo 14, 2007

CUENTOS DE LA GUADAÑA

OSCURIDAD


3


Abrió los ojos. Un universo rojo se esparcía en la inmensidad de aquel paisaje. Una planicie descomunal, ningún relieve la adornaba. Era imposible poder calcular a simple vista sus dimensiones. El horizonte rojo se extendía donde la vista perdía su alcance para cortar un cielo negro, vacío. Tampoco nada lo decoraba. Dos grandes inmensidades, una negra y otra roja, que no se atrevían a mezclarse.
Estaba moviéndose. Caminaba por aquel paraje desolador sin voluntad de hacerlo. No era él quien ordenaba a sus pies que se movieran, es más, no sentía que lo hicieran.
De pronto Luis se dio cuenta de que no sentía ninguna parte de su cuerpo. Sin embargo sus ojos no mentían, avanzaba por aquella masa roja, inerte, sin sentir nada. Nada alimentaba sus sentidos. En ese mismo momento Luis recordó su muerte. Un profundo dolor le invadió. Empezaba a comprender.
De súbito su vista se enfocó hacia el suelo. Podía ver de cerca aquella superficie. Estaba formada por una especie de copos de nieve de un color rojo muy intenso. El pie de un hombre estaba posado sobre ellos. Luis se fijo en él. Estaba descalzo. Sus uñas eran negras, del mismo color que el cielo y sus tobillos estaban decorados con unos brazaletes que formaban círculos concéntricos de color rojo oscuro. Eran como tatuajes, pero dotados de relieve. Emergían de debajo de la piel. Era sangre coagulada. Heridas formadas desde dentro hacia afuera.
Una mano invadió su ángulo de visión. Sus uñas también eran negras y tenía los mismos brazaletes en las muñecas.
Entonces comprendió. Estaba mirando a través de los ojos de aquel ser. No era consciente de donde se encontraba. No sabía donde estaba. Sólo tenía conciencia de que podía ver a través de aquellos ojos, y era dependiente de la imagen que aquellos ofrecían. No podía obrar a voluntad. Aquellas imágenes eran una visión obligada para él. Formaba parte de aquel ser. No sabía si aquel era consciente de su existencia.
Además, la única prueba que tenía de su propia existencia era su intelecto. Recordó a Descartes, pienso luego existo.
Una inteligencia que flotaba dentro de un cuerpo ajeno a ella, del cual no podría salir por voluntad propia. Se preguntaba si el dueño de aquellas extremidades sabía de su existencia, o si quizá, fuese el responsable de todo aquello.
El que nunca avisa, recordó, sí, el que nunca avisa le había venido a buscar...
Aquella mano cogió un puñado de aquella masa rojiza, de aquel conjunto de copos encarnados. Los sujetaba con la palma abierta. Los observaba.
-¿Sabes qué es esto?.
Luis no sabía si aquella pregunta iba dirigida a él. No sabía si aquel ser tenía compañía. - ¿Luis, sabes qué es esto?.
Le estaba hablando. El terror se apoderó de él.
- No - contestó Luis tímidamente.
- Te lo enseñaré.
Acto seguido aquella mano se cerró con fuerza. Formaba un puño salpicado con infinidad de venas que se apilaban buscando un sitio bajo aquella piel reseca de un color negruzco. Un reguero de líquido rojo empezó a fluir de entre aquellos dedos largos y esqueléticos.
- Es la sangre que alimenta las almas - afirmó aquella voz grave, profunda - las almas que han perdido la luz. Que deben encontrar el camino - apuntó.
Sin esperar comentario alguno, el que nunca avisa se irguió para proseguir su camino.
Ya no ven la luz. Deben volver a encontrar el camino. Pensó Luis. ¿Serían aquellas almas a las que se refería?. ¿Serian las almas de aquellos viejos de los que sin la más mínima de las contemplaciones, él se había aprovechado?. ¿De aquellas personas a las que había utilizado como conejillos de indias para hacer más grandes sus bolsillos?.
Sí, sabía que sí. Un profundo miedo congeló su mente.
De pronto aquellos ojos divisaron una cruz a lo lejos.
- Casi hemos llegado - dijo la voz de su guía, de su guardián, de su carcelero.
Contrastaba exageradamente con el paisaje de mármol blanco, sobre un fondo negro. Se hubiera apreciado a kilómetros de distancia. De hecho no podría llegar a asegurar la longitud de la línea recta que les separaba de aquel punto. Sólo sabía que se dirigían decididamente hacia él.
De pronto la distancia se disipó. Se encontraban frente a ella. Una cruz de mármol blanco que se erigía desafiante frente a aquellos ojos. Era como si las reglas del espacio y del tiempo no rigiesen en aquel endemoniado lugar.
El guardián miró detenidamente la cruz, para luego bajar su cabeza lentamente. Sus ojos se posaron en una lápida inmensa, rectangular, también de mármol blanco, postrada a la cruz, adornada con relieves en sus lados. En su superficie tallado se podía leer:

D. LUIS CANOVAS OLLER
(U1963 - 2007)

Una punzada de terror atravesó su espíritu. De repente, aquellas manos huesudas agarraron la lápida por cada uno de sus costados. La lápida empezó a ceder.
- ¡Dios, no, no me hagas esto!. ¡No quiero verlo!. ¡Por favor! - gritaba Luis.
Pero aquellas manos hacían caso omiso de sus ruegos. Con una fuerza sobrehumana retiró aquella lápida hacia un lado, dejando al descubierto la fosa. Aquella visión le horrorizó. Su espíritu se sumergió en un terror inimaginable. Comían. Aquellos seres bañados en sangre mordisqueaban su cuerpo. Desnudos, aullando de placer, hambrientos, tiñendo toda la tierra de rojo. De pronto uno de aquellos seres atravesó con sus propias manos el pecho de aquel cuerpo, su cuerpo, y de él extrajo el corazón, su corazón. Luego lo alzó en señal de júbilo y le miró. Sus ojos no miraban a su carcelero. Aquellos ojos le miraban a él. Luis se horrorizó. Los conocía. Conocía aquellos ojos. Los conocía porque él los había cerrado.

¡Riiiiiiiiiiiiin!. Un sonido estrepitoso resonó en la habitación. La luz del alba se filtraba por el gran ventanal iluminando la estancia mientras el despertador recordaba a gritos que eran las siete de la mañana. Instantáneamente sus párpados dejaron que la luz se adueñara de sus pupilas. ¡Riiiiiiiiiiiiin!. Un sudor frío recorría su frente. Las sábanas se habían pegado a todo su cuerpo como si quisieran que no despertase de aquella infernal pesadilla.
¡Riiiiiiiiiiiiin!. El despertador seguía sonando, el ruido era cada vez más ensordecedor. Debía pararlo. De pronto el miedo se volvió a apoderar de Luis. ¡Riiiiiiiiiiiiin!. No podía apagar el despertador. Sus brazos no le respondían. Intentó mirar hacia un lado, girar el cuello. Tampoco pudo. ¡Riiiiiiiiiiiiin! Su cuerpo se había quedado paralizado. El terror lo abrazó por completo pero en su cara no se dibujó ni un solo gesto. ¡Riiiiiiiiiiiiin!. Intentó gritar pero de su boca no le hizo caso. ¡Riiiiiiiiiiiiin!. El despertador siguió sonando.



FIN

lunes, marzo 12, 2007


CUENTOS DE LA GUADAÑA


OSCURIDAD

2

Quién era el responsable de aquello, cómo había llegado hasta aquí, quién le habría sacado de su cama y de su casa. Puede que alguien le hubiera suministrado algún tipo de fármaco o de droga, pero quién. Su casa era muy segura. Una casa tan espléndida necesitaba cierta protección. Estaba situada a las afueras de la ciudad. Lejos del mundanal bullicio, dentro de una urbanización de clase alta y aunque allí los robos en hogares no eran muy frecuentes, las gentes del lugar alardeaban de lo seguras que eran sus mansiones y de lo conveniente que era que fuesen así.
Aquella noche sus perros no habían ladrado, dos feroces dobermans especialmente adiestrados y en cualquier caso, si alguien hubiera superado ese obstáculo tendría que haberse enfrentado con la alarma conectada a todas las puertas y ventanas. De modo que esto era inexplicable.
Una gota de sudor le recorrió la frente, no estaba soñando, no, era completamente consciente de la situación en la que se encontraba. Su frente estaba empapada de sudor. Para un doctor en medicina, un hombre culto guiado siempre por pensamientos lógicos, esto era imposible de entender.
De pronto se dio cuenta de un detalle, se estaba acabando el oxígeno de la reducida caja. Un hombre normal puede resistir alrededor de tres o cuatro minutos a partir del momento en que sus pulmones dejan de ser abastecidos por ese bendito soplo de vida que es el oxígeno, siendo optimistas, que sumados al tiempo que tardaría en acabarse el que todavía quedaba, no era un resultado muy abultado. La muerte estaba cercana. Luis podía escuchar sus pasos ahí fuera. Los pasos del que nunca avisa, del que siempre viene. Esos pensamientos hicieron que todo su cuerpo temblara y un escalofrío recorrió sus piernas que ya casi ni sentía.
- Oh, dios mío, dios, no por favor - susurraba, para luego gritar con fuerza
- ¡Socorro!. ¡Ayúdenme!. ¡Estoy vivo!.
Continuó pidiendo auxilio, era una opción pensó. Eso o resignarse a esperar a la muerte cuyos pasos escuchaba cada vez con más claridad. Pero a la vez, el solo esfuerzo de gritar y de esforzarse por buscar una salida a aquella pesadilla suponía un decremento en su tiempo de vida. El consumo de oxígeno estaba siendo exagerado y pronto empezaría a marearse, a no pensar con claridad. La única vía para seguir con vida era la que le llevaba con más rapidez a la muerte.
Empezaba a respirar con dificultad. Cada demanda de auxilio estaba flanqueada por un período cada vez más largo de silencio. Nunca imaginó que el sólo hecho de articular una palabra fuese a resultar un trabajo tan costoso, dónde el tiempo se detenía torturándole y haciéndole más larga su agonía, haciendo más larga su vida, que por un instante deseó que se escabullera en un último alarido, esta vez de rabia, de impotencia, de miedo.

Un grito atravesó la tierra mojada llegando a sus oídos. El alarido de un alma a la que pronto iría a buscar. Le enseñaría el camino. Seria su guía hasta la puerta. Él sabía cuando una de sus almas debía volver al redil y nunca faltaba a su cita.
El alarido de un alma es muy diferente a un simple grito de terror. El alarido de un alma es un nacimiento, un grito de libertad, volver a ver la luz.
Él sabía muy bien todo eso y mucho más. Nunca lo había aprendido. Nunca se lo habían enseñado. Solo era conocimiento.
- Deberás enfrentarte a tu espejo. Todo tiene una cara y una cruz, un anverso y un reverso.

No podía respirar. Una lágrima brotó de sus ojos. Sus pulsaciones habían bajado. Empezaba a marearse. Súbitamente un escalofrío recorrió su cuerpo, seguido de una sensación de calor que se acercaba lentamente a su cabeza dejando un camino helado a su paso.
Ya no sentía nada. Solo como se abrasaba su cabeza.
De pronto, una luz brillante, muy brillante. Delante de él, encima de él se alejaba, se alejaba de sus ojos, nacía en sus ojos. Estaba creciendo, tomando forma, su forma. Era él. Él invadido por una luz brillante y abrasadora.
- ¿Hay algo que quieras decirme? - le preguntó la luz. Su propio rostro.
Su tono de voz era apacible, alentador.
No podía hablar. No podía moverse, ni un solo músculo respondía a su cerebro. Solo su mente seguía viva. El terror se adueñó de todas las partes de su ser. El momento estaba llegando. El umbral de la muerte. Se ahogaba.
¿Quién era aquel ser que le interrogaba?. Aquella luz con vida propia que dibujaba su rostro. Aquella luz que había nacido de él.
- ¿No recuerdas? - volvió a inquirir.
- No...¿qué debería recordar? - pensó Luís. Aquella voz resonaba en su cabeza como si fuera él quien estaba hablando, pero su tono era distinto. Era dulce, melodioso.
- ¿No recuerdas su sufrimiento?. ¿No recuerdas su dolor?. ¿No recuerdas tu avaricia?.
Luis sabía exactamente de qué estaba hablando. Era consciente del motivo que alimentaba a aquellas preguntas - le...les ahorraba ese sufrimiento. Ya habían vivido suficiente. Ponía remedio a un problema.
- ¡Los enterrabas vivos! - replicó la voz. Melódica pero desafiante.
- No, no es cierto. El afecto cuando se convierte en una responsabilidad se pierde. Muchos estaban mejor allí que en sus casas.
- ¿Acercándolos a la muerte? - volvió a interrogar la luz. Su luz.
- Sólo les allanaba el camino.
- ¿Quién te pidió tal favor?
- Muchos preferían morir.
- Después de experimentar con ellos. Después de suministrarles todo tipo de fármacos, que en vez de sanar, les acercaba lentamente a la muerte. Después de convertir aquellas lujosas habitaciones en ataúdes gigantes de los cuales eran conscientes de que ya no saldrían jamás. Para que siguieran pagando sus facturas.
- Solo eran viejos. Estaba haciendo un favor a esas familias. Les libraba de una carga y el dinero no era problema para ellos. Pensó Luís. Eximiéndose de culpa.
- El alma tiene un ciclo. No eres quien para interrumpirlo. Ya no ven la luz. Deben volver a encontrar el camino.
- ¿De qué me estás hablando?, ¿quién eres?. He enloquecido. Estoy muerto. Esto es la muerte. Pensó Luís.
- No sabes nada.
- ¿Qué eres?
- Soy tú. Mírame. Debes pagar un precio. El alma debe ser purificada. Deberías arrepentirte.
- ¿Arrepentirme?. Nunca en vida me he arrepentido de nada y no lo haré ahora que voy a morir. De que me serviría. Dices que el alma tiene un ciclo. Pues han interrumpido el mio. ¿Qué está pasando?, ¿podrías explicármelo? - se lamentó Luis, resignándose al futuro escrito en la madera de aquella caja que le había regalado el destino.
- El que nunca avisa vino a buscarte.
- ¿Quién?.
- Lo sabrás.
- ¿Él hizo esto no es cierto?, ¿quién, quién es?, ¿Por qué, ...por qué vino a buscarme?.
- Para saldar una deuda.
- ¿Qué...qué deuda. Yo no le debo nada a nadie.
- Tú sólo eres la moneda de cambio.

Fue la última frase que resonó melódicamente en su cabeza. Su flujo sanguíneo era inapreciable. Pronto aquel motor que da la vida dejaría de trabajar. Sus ojos se estaban nublando. No podía pensar en nada.
Quiso observar por última vez aquella luz, aquel rostro, su propio rostro.
Sus miradas se cruzaron, y Luis pudo apreciar como aquellos ojos luminosos estaban bañados en lagrimas. Rayos de vida, iluminaban la muerte.
De pronto aquella luz comenzó a apagarse. Se tornó débil, a medida que su color, entonces anaranjado, se volvía gris. Estaba perdiendo luminosidad. La oscuridad se adueñaba de todo. La oscuridad. Oscuridad.



continuará...


martes, marzo 06, 2007


CUENTOS DE LA GUADAÑA


OSCURIDAD


1

El universo de Luis se había reducido a una caja de dos metros de largo por metro y medio de ancho. El mundo había dejado de ser juez y jurado de sus actos. En el reducido universo en el cual se hallaba, él era su propio verdugo.
La luz se había apagado para siempre. Luis había sido condenado a una eterna oscuridad.


Un escalofrío recorrió sus músculos dormidos. Su mente estaba de vuelta. De vuelta de ese viaje al que llamamos sueño, el cual asociamos con algo ficticio, bien que algunas veces pueda ser tan real como la vida misma.
Esta noche había sido placentero y se estaba tomando todo el tiempo del mundo en su retorno. Pero algo hizo que se acelerara. Su parte física sentía frío, la temperatura exterior había bajado. Luis empezaba a recuperar sus sentidos aunque estaba todavía aturdido. El oído fue el más madrugador, estaba captando un leve movimiento, un sonido muy familiar, lluvia, estaba lloviendo. El olfato fue el siguiente. Un olor a tierra mojada flotaba en el ambiente. Luis abrió los ojos con facilidad, sus pupilas no habían tenido que sufrir ningún
cambio, seguía siendo de noche, estaba oscuro, pero Luis sabia que algo no marchaba. El miedo empezó a invadir su cuerpo. Miró a su alrededor, solo oscuridad. Instintivamente alargó su brazo derecho buscando la luz de la mesilla de noche pero su extremidad chocó con una pared. Se incorporó pero no pudo, su cabeza también había chocado. Estaba aterrorizado, la histeria se hizo con el control de la situación. Empezó a moverse frenéticamente, palpó a un lado y a otro, siempre obtenía la misma respuesta, una pared fria.
Estaba sudando, su cuerpo estaba empapado, la sensación de frío había desaparecido. Lluvia, seguía lloviendo.
Luis estaba agotado, no podía mover ni un solo músculo. De nuevo volvió a sentir frío y como el miedo le clavaba salvajes punzadas en el estómago. Después de un prolongado ataque de histerismo, el terror lo había dejado congelado. Debía intentar tranquilizarse dentro de lo posible. Debía averiguar donde se encontraba pensó, pero eso le aterrorizó aún más. Sabía muy bien donde se encontraba, estaba enterrado vivo.
Su cerebro no aceptaba esa situación, su sistema nervioso se había quedado inerte, solo los fuertes latidos de su corazón le recordaban doscientas veces por minuto que seguía vivo. Sentía miedo, mucho miedo, terror, odio, ira. De pronto, casi sin pensarlo sus extremidades comenzaron a moverse a gran velocidad, golpeando con pies y puños, con todas sus fuerzas, las fronteras que el destino le había preparado, pero eran demasiado consistentes y pronto desistiría.
La lluvia se convirtió en llanto y los truenos se convirtieron en sus gritos.
Sus intestinos se habían comprimido tanto que parecían entrelazarse formando unos nudos cada vez más apretados que sumados a la gran descarga de adrenalina producían una serie de punzadas como si de afilados clavos se tratase. A la vez, su vejiga también estaba notando el cambio en su metabolismo dejando escapar parte de su contenido.
De pronto sus gritos se silenciaron. Su sistema respiratorio se quedó bloqueado. Sus cuerdas vocales dejaron de vibrar debido a la nula recepción de un solo soplo de aire. Pero su cara, su cara seguía contorsionada, exactamente con las mismas facciones, como si en realidad no hubiera parado de gritar, a la vez que su corazón seguía golpeando con fuerza, ahora en su cabeza, hinchando sus venas y arterias debido al volumen de información que su flujo sanguíneo estaba soportando. Acto seguido su boca dejó escapar un terrorífico alarido, fuerte y seco, expulsando al silencio. Desahogándose así de su angustia y encarándose a ese infernal destino. Buscando una respuesta o quizás ayuda pero ni tan siquiera el eco vino a responderle o a socorrerle. Posiblemente ni el eco era capaz de volver o simplemente no se atrevía.
En ese mismo momento tuvo la certeza de que iba a morir.
La muerte vendría a buscarle tarde o temprano, era imposible escapar, solo cabía esperar. Pero lo que verdaderamente le angustiaba era el desconocimiento. El porqué se encontraba allí. La última cosa que recordaba era haber puesto en hora su despertador y haberse ido a descansar a su gran cama, de su gran casa después de un gran día. Siempre había sido un hombre afortunado. Se había criado en el lecho de una importante familia de clase alta, médico de profesión y por vocación como su padre y el padre de su padre, así sucesivamente formando una gran colección de doctorados. En la actualidad dirigía una clínica privada de un elevado presupuesto anual dirigida a las clases extremadamente solventes, por supuesto. Además su dirección había sido bastante notable, dotando así a la clínica y a él mismo de una solidez económica casi insuperable. Bajo su dirección el centro médico se había convertido en una fuente inagotable de dinero. También era dueño de un laboratorio, para el que había creado una planta entera dedicada a investigación y desarrollo de fármacos.
Alguno vez había escuchado la palabra pleito, pero sus "colaboradores" la habían ensordecido con una más que notoria eficacia.
Sin embargo, ahora se encontraba allí, en aquel universo de dos metros de largo por metro y medio de ancho.

continuará...

viernes, marzo 02, 2007

EL DIÁLOGO ES POSIBLE

Ahora que la falta de diálogo y la crispación son escenarios ordinarios en aquel país llamado España, aquí os traigo la prueba de que el diálogo y el buen rollito son posibles entre las derechas y las izquierdas. El facha Tip y el rojo Coll son un divertidísimo ejemplo:


Hola canallas.
Os dejo con una incontinencia neuronal de un colega al que algunos conocéis: el Rei. Su majestad nos dedica una incontinencia de aquellas, que a juzgar por su tono, llevaba marcada a fuego en su riego sanguíneo y cuyo resquemor ha sido liberado de la siguiente manera:

(No me hago responsable de la soberana rajada de este texto, bueno, la foto sí que es mia)

LA MALA EDUCACIÓN

Educación y respeto son términos que han pasado a la historia como meras entradas en el diccionario de la Real Academia de la Lengua.
Un hecho tan cotidiano antaño como saludar amablemente a un vecino suele ser contestado con estupefacta indiferencia, incómodos silencios y en ocasiones con una mirada prepotente de soberbia como diciendo: “¿!Cielos, quién es este individuo para dirigirme la palabra!? ¿Cómo osa, será un delincuente? o peor, ¿Serà....una persona educada?”.
Este síndrome del metropolitanismo contemporáneo está alcanzando proporciones de epidemia bíblica. Estamos perdiendo estos valores que son los que nos hacen humanos, personas, y en los que se fundamentan las relaciones con nuestro prójimo, es decir, con nuestros semejantes, esos que están ahí cuando salimos a la calle y que piensan, sienten y tienen las mismas necesidades que nosotros aunque a muchos les importe poco o les parezca increíble que esto pueda suceder.
Antaño se le llamaba urbanidad y se enseñaba en los colegios. Ahora, lo más a lo que uno puede aspirar es a no ser menospreciado, instigado, agredido o perseguido tanto por la autoridad pública como por cualquier transeúnte anónimo, y sobre todo por una nueva saga de catedráticos de los buenos usos, los justicieros del volante-manillar, de los que últimamente sufrimos una plaga que ridiculiza la más terrible de las que arrasaron el antiguo Egipto. Son los justicieros inmortales. Una generación de pilotos de automóviles y motocicletas que circulan por las calles en plan gran premio. Son aquellos que piensan: “a mi no me va a pasar”, aquellos que en lugar de frenar y ceder el paso, aceleran se cruzan esperando que sea el otro quien se humille frenando y encima si provocan un accidente, una muerte, una lesión irreversible, evidentemente huyen, se escudan en el anonimato y, aunque me permitirán que lo dude, sufren en silencio su eterno arrepentimiento, aunque probablemente el término arrepentimiento va ligado a sentimiento de culpa, a buena persona y a educación, con lo cual lo más probable es que se sientan orgullosos de sus fechorías homicidas y que presuman de ellas de manera ostentosa ante sus congéneres.
Me pregunto quién o qué tiene la culpa. ¿Será culpable el carácter latino? No, no creo, al otro lado del charco no son latinos, aunque algunos se jactan de serlo siendo los que en peor lugar nos dejan, y conviven con armas bajo la almohada y matanzas en los institutos. La manera latina, mediterránea de ver y disfrutar de la vida la tenemos desde tiempos ancestrales y más bien ha sido motivo de orgullo y sinónimo de educación y hospitalidad que causa de malos comportamientos o excusa de tosquedad y violencia.
Sí es cierto que tópicos como el sol o la pasión mediterránea han encubierto los malos usos y comportamientos cotidianos que venimos sufriendo desde finales del siglo pasado pero quiero pecar de ingenuidad cuando aún mantengo la esperanza de que el latino mediterráneo se deshaga de los tópicos y forje una nueva personalidad basada en la hospitalidad y el cosmopolitanismo pluricultural y sobre todo multiétnico y aglutinador de creencias religiosas, con el permiso de radicalismos antagónicos en cualquiera que sea la creencia que se permita oprimir o matar por muy divino que sea el motivo o la finalidad.

La violencia convive con nosotros diariamente. La televisión nos sumerge en un mundo donde la ley del más fuerte es hasta divertida. Videojuegos brutales entretienen a niños de corta edad enseñando que el crimen puede ser motivo de mofa. Convivimos con la violencia de género, con la discriminación racial, el terrorismo religioso y para muchos son simples noticias que digerimos a la vez que nuestros desayunos, comidas y cenas.
Rara vez se nos indigesta y nos molesta más ver la muerte y la sangre a la hora de llevarnos un pedazo de comida a la boca que pensar en toda la muerte y la destrucción que sufren en muchas partes del mundo, que pensar en el hambre, la desnutrición y la enfermedad de millones de seres humanos, la mayoría de ellos niños a lo largo y ancho del planeta. La realidad, no solo supera a la ficción sin o que la ridiculiza con casos de violencia de género, terrorismo y guerra, que antes no conocíamos pero que ahora los medios se encargan de difundir, evidentemente a su antojo e interpretación, en noticiarios y en poco rigurosos programas de media tarde, como si la cosa no fuera con nosotros.
Las multinacionales, los paises industriales, el Sr. Bush abanderado de todos ellos con el imperialismo frustrado de los americanos por estandarte, fomentando guerras para justificar sus presupuestos armamentísticos, sus pruebas biológicas y sus medicamentos a precio de oro, son un bonito ejemplo de falta de respeto por la raza humana, por el prójimo y por el medioambiente.
Qué lástima que solo tengamos un mundo que destruir y una vida que vivir, así poco nos importará lo mal que lo hagamos, el daño que causemos, la mala conciencia que tengamos. En cien años todos calvos y en quinientos el planeta a tomar por saco.
Ustedes dirán que la educación no tiene nada que ver con esto pero háganme el favor, háganse el favor y piénsenlo con detenimiento. Todo se trata de esto. De educación y respeto. ¿Qué es el egoísmo sino una falta de respeto y de educación? ¿Qué es la economía sino subsistir individualmente en un mercado mundial regido por el dinero y la ley del más fuerte?¿Qué es la sociedad actual sino un mundo liderado por las ansias de poder, por la globalización económica y por las cuentas de resultados? ¿No fomenta la sociedad actual la falta de respeto y el pisar al de al lado para subir un peldaño en el escalafón social?
Sí señores, esto es lo que estamos viviendo. No lo justifico ni lo condeno, pues yo soy el primero en darse cuenta de dónde está inmerso y hacia dónde le arrastra la corriente. Sólo pretendo exponerlo y que cada cual tire de su conciencia como mejor pueda, o mejor dicho, como mejor quiera.
Todos salimos a la calle cada mañana dispuestos a ganarnos el pan de la mejor manera que sabemos y que podemos, pero qué bonito sería volver a ver a la gente joven ceder el asiento a los ancianos en el autobús, o que simplemente te saluden tus vecinos, o que un presidente del gobierno o de la oposición no trabaje por ganar unas elecciones más o por dominar un trozo más del pastel sino por el bien de sus conciudadanos y por el bien de la raza humana, o que los telediarios dejen de mostrarnos muerte, destrucción, hambre, guerra y violencia.
Llámenme iluso, llámenme utópico retrógrado, llámenme bien educado.
El día que mueren nuestros sueños e ilusiones morimos como personas.
Seamos pues educados, señores y señoras.
Seguiremos siendo igual de pobres, igual de feos, igual de desconocidos pero les aseguro que seremos más felices.....y díganme ustedes... ¿quién no quiere ser feliz?

Rei