descripcion

martes, marzo 06, 2007


CUENTOS DE LA GUADAÑA


OSCURIDAD


1

El universo de Luis se había reducido a una caja de dos metros de largo por metro y medio de ancho. El mundo había dejado de ser juez y jurado de sus actos. En el reducido universo en el cual se hallaba, él era su propio verdugo.
La luz se había apagado para siempre. Luis había sido condenado a una eterna oscuridad.


Un escalofrío recorrió sus músculos dormidos. Su mente estaba de vuelta. De vuelta de ese viaje al que llamamos sueño, el cual asociamos con algo ficticio, bien que algunas veces pueda ser tan real como la vida misma.
Esta noche había sido placentero y se estaba tomando todo el tiempo del mundo en su retorno. Pero algo hizo que se acelerara. Su parte física sentía frío, la temperatura exterior había bajado. Luis empezaba a recuperar sus sentidos aunque estaba todavía aturdido. El oído fue el más madrugador, estaba captando un leve movimiento, un sonido muy familiar, lluvia, estaba lloviendo. El olfato fue el siguiente. Un olor a tierra mojada flotaba en el ambiente. Luis abrió los ojos con facilidad, sus pupilas no habían tenido que sufrir ningún
cambio, seguía siendo de noche, estaba oscuro, pero Luis sabia que algo no marchaba. El miedo empezó a invadir su cuerpo. Miró a su alrededor, solo oscuridad. Instintivamente alargó su brazo derecho buscando la luz de la mesilla de noche pero su extremidad chocó con una pared. Se incorporó pero no pudo, su cabeza también había chocado. Estaba aterrorizado, la histeria se hizo con el control de la situación. Empezó a moverse frenéticamente, palpó a un lado y a otro, siempre obtenía la misma respuesta, una pared fria.
Estaba sudando, su cuerpo estaba empapado, la sensación de frío había desaparecido. Lluvia, seguía lloviendo.
Luis estaba agotado, no podía mover ni un solo músculo. De nuevo volvió a sentir frío y como el miedo le clavaba salvajes punzadas en el estómago. Después de un prolongado ataque de histerismo, el terror lo había dejado congelado. Debía intentar tranquilizarse dentro de lo posible. Debía averiguar donde se encontraba pensó, pero eso le aterrorizó aún más. Sabía muy bien donde se encontraba, estaba enterrado vivo.
Su cerebro no aceptaba esa situación, su sistema nervioso se había quedado inerte, solo los fuertes latidos de su corazón le recordaban doscientas veces por minuto que seguía vivo. Sentía miedo, mucho miedo, terror, odio, ira. De pronto, casi sin pensarlo sus extremidades comenzaron a moverse a gran velocidad, golpeando con pies y puños, con todas sus fuerzas, las fronteras que el destino le había preparado, pero eran demasiado consistentes y pronto desistiría.
La lluvia se convirtió en llanto y los truenos se convirtieron en sus gritos.
Sus intestinos se habían comprimido tanto que parecían entrelazarse formando unos nudos cada vez más apretados que sumados a la gran descarga de adrenalina producían una serie de punzadas como si de afilados clavos se tratase. A la vez, su vejiga también estaba notando el cambio en su metabolismo dejando escapar parte de su contenido.
De pronto sus gritos se silenciaron. Su sistema respiratorio se quedó bloqueado. Sus cuerdas vocales dejaron de vibrar debido a la nula recepción de un solo soplo de aire. Pero su cara, su cara seguía contorsionada, exactamente con las mismas facciones, como si en realidad no hubiera parado de gritar, a la vez que su corazón seguía golpeando con fuerza, ahora en su cabeza, hinchando sus venas y arterias debido al volumen de información que su flujo sanguíneo estaba soportando. Acto seguido su boca dejó escapar un terrorífico alarido, fuerte y seco, expulsando al silencio. Desahogándose así de su angustia y encarándose a ese infernal destino. Buscando una respuesta o quizás ayuda pero ni tan siquiera el eco vino a responderle o a socorrerle. Posiblemente ni el eco era capaz de volver o simplemente no se atrevía.
En ese mismo momento tuvo la certeza de que iba a morir.
La muerte vendría a buscarle tarde o temprano, era imposible escapar, solo cabía esperar. Pero lo que verdaderamente le angustiaba era el desconocimiento. El porqué se encontraba allí. La última cosa que recordaba era haber puesto en hora su despertador y haberse ido a descansar a su gran cama, de su gran casa después de un gran día. Siempre había sido un hombre afortunado. Se había criado en el lecho de una importante familia de clase alta, médico de profesión y por vocación como su padre y el padre de su padre, así sucesivamente formando una gran colección de doctorados. En la actualidad dirigía una clínica privada de un elevado presupuesto anual dirigida a las clases extremadamente solventes, por supuesto. Además su dirección había sido bastante notable, dotando así a la clínica y a él mismo de una solidez económica casi insuperable. Bajo su dirección el centro médico se había convertido en una fuente inagotable de dinero. También era dueño de un laboratorio, para el que había creado una planta entera dedicada a investigación y desarrollo de fármacos.
Alguno vez había escuchado la palabra pleito, pero sus "colaboradores" la habían ensordecido con una más que notoria eficacia.
Sin embargo, ahora se encontraba allí, en aquel universo de dos metros de largo por metro y medio de ancho.

continuará...

2 comentarios:

Albert dijo...

Vinga, va ! La segona part ja ! No puc esperar més !

eggy dijo...

Un relato genial, la tensión del personaje se apodera de mí a medida que avanzo, y por un instante creo estar en ese cajón.
Qué bueno que sigue, ya quiero estar leyendo lo demás.
Un abrazo, gracias por pasarte.