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viernes, marzo 02, 2007

Hola canallas.
Os dejo con una incontinencia neuronal de un colega al que algunos conocéis: el Rei. Su majestad nos dedica una incontinencia de aquellas, que a juzgar por su tono, llevaba marcada a fuego en su riego sanguíneo y cuyo resquemor ha sido liberado de la siguiente manera:

(No me hago responsable de la soberana rajada de este texto, bueno, la foto sí que es mia)

LA MALA EDUCACIÓN

Educación y respeto son términos que han pasado a la historia como meras entradas en el diccionario de la Real Academia de la Lengua.
Un hecho tan cotidiano antaño como saludar amablemente a un vecino suele ser contestado con estupefacta indiferencia, incómodos silencios y en ocasiones con una mirada prepotente de soberbia como diciendo: “¿!Cielos, quién es este individuo para dirigirme la palabra!? ¿Cómo osa, será un delincuente? o peor, ¿Serà....una persona educada?”.
Este síndrome del metropolitanismo contemporáneo está alcanzando proporciones de epidemia bíblica. Estamos perdiendo estos valores que son los que nos hacen humanos, personas, y en los que se fundamentan las relaciones con nuestro prójimo, es decir, con nuestros semejantes, esos que están ahí cuando salimos a la calle y que piensan, sienten y tienen las mismas necesidades que nosotros aunque a muchos les importe poco o les parezca increíble que esto pueda suceder.
Antaño se le llamaba urbanidad y se enseñaba en los colegios. Ahora, lo más a lo que uno puede aspirar es a no ser menospreciado, instigado, agredido o perseguido tanto por la autoridad pública como por cualquier transeúnte anónimo, y sobre todo por una nueva saga de catedráticos de los buenos usos, los justicieros del volante-manillar, de los que últimamente sufrimos una plaga que ridiculiza la más terrible de las que arrasaron el antiguo Egipto. Son los justicieros inmortales. Una generación de pilotos de automóviles y motocicletas que circulan por las calles en plan gran premio. Son aquellos que piensan: “a mi no me va a pasar”, aquellos que en lugar de frenar y ceder el paso, aceleran se cruzan esperando que sea el otro quien se humille frenando y encima si provocan un accidente, una muerte, una lesión irreversible, evidentemente huyen, se escudan en el anonimato y, aunque me permitirán que lo dude, sufren en silencio su eterno arrepentimiento, aunque probablemente el término arrepentimiento va ligado a sentimiento de culpa, a buena persona y a educación, con lo cual lo más probable es que se sientan orgullosos de sus fechorías homicidas y que presuman de ellas de manera ostentosa ante sus congéneres.
Me pregunto quién o qué tiene la culpa. ¿Será culpable el carácter latino? No, no creo, al otro lado del charco no son latinos, aunque algunos se jactan de serlo siendo los que en peor lugar nos dejan, y conviven con armas bajo la almohada y matanzas en los institutos. La manera latina, mediterránea de ver y disfrutar de la vida la tenemos desde tiempos ancestrales y más bien ha sido motivo de orgullo y sinónimo de educación y hospitalidad que causa de malos comportamientos o excusa de tosquedad y violencia.
Sí es cierto que tópicos como el sol o la pasión mediterránea han encubierto los malos usos y comportamientos cotidianos que venimos sufriendo desde finales del siglo pasado pero quiero pecar de ingenuidad cuando aún mantengo la esperanza de que el latino mediterráneo se deshaga de los tópicos y forje una nueva personalidad basada en la hospitalidad y el cosmopolitanismo pluricultural y sobre todo multiétnico y aglutinador de creencias religiosas, con el permiso de radicalismos antagónicos en cualquiera que sea la creencia que se permita oprimir o matar por muy divino que sea el motivo o la finalidad.

La violencia convive con nosotros diariamente. La televisión nos sumerge en un mundo donde la ley del más fuerte es hasta divertida. Videojuegos brutales entretienen a niños de corta edad enseñando que el crimen puede ser motivo de mofa. Convivimos con la violencia de género, con la discriminación racial, el terrorismo religioso y para muchos son simples noticias que digerimos a la vez que nuestros desayunos, comidas y cenas.
Rara vez se nos indigesta y nos molesta más ver la muerte y la sangre a la hora de llevarnos un pedazo de comida a la boca que pensar en toda la muerte y la destrucción que sufren en muchas partes del mundo, que pensar en el hambre, la desnutrición y la enfermedad de millones de seres humanos, la mayoría de ellos niños a lo largo y ancho del planeta. La realidad, no solo supera a la ficción sin o que la ridiculiza con casos de violencia de género, terrorismo y guerra, que antes no conocíamos pero que ahora los medios se encargan de difundir, evidentemente a su antojo e interpretación, en noticiarios y en poco rigurosos programas de media tarde, como si la cosa no fuera con nosotros.
Las multinacionales, los paises industriales, el Sr. Bush abanderado de todos ellos con el imperialismo frustrado de los americanos por estandarte, fomentando guerras para justificar sus presupuestos armamentísticos, sus pruebas biológicas y sus medicamentos a precio de oro, son un bonito ejemplo de falta de respeto por la raza humana, por el prójimo y por el medioambiente.
Qué lástima que solo tengamos un mundo que destruir y una vida que vivir, así poco nos importará lo mal que lo hagamos, el daño que causemos, la mala conciencia que tengamos. En cien años todos calvos y en quinientos el planeta a tomar por saco.
Ustedes dirán que la educación no tiene nada que ver con esto pero háganme el favor, háganse el favor y piénsenlo con detenimiento. Todo se trata de esto. De educación y respeto. ¿Qué es el egoísmo sino una falta de respeto y de educación? ¿Qué es la economía sino subsistir individualmente en un mercado mundial regido por el dinero y la ley del más fuerte?¿Qué es la sociedad actual sino un mundo liderado por las ansias de poder, por la globalización económica y por las cuentas de resultados? ¿No fomenta la sociedad actual la falta de respeto y el pisar al de al lado para subir un peldaño en el escalafón social?
Sí señores, esto es lo que estamos viviendo. No lo justifico ni lo condeno, pues yo soy el primero en darse cuenta de dónde está inmerso y hacia dónde le arrastra la corriente. Sólo pretendo exponerlo y que cada cual tire de su conciencia como mejor pueda, o mejor dicho, como mejor quiera.
Todos salimos a la calle cada mañana dispuestos a ganarnos el pan de la mejor manera que sabemos y que podemos, pero qué bonito sería volver a ver a la gente joven ceder el asiento a los ancianos en el autobús, o que simplemente te saluden tus vecinos, o que un presidente del gobierno o de la oposición no trabaje por ganar unas elecciones más o por dominar un trozo más del pastel sino por el bien de sus conciudadanos y por el bien de la raza humana, o que los telediarios dejen de mostrarnos muerte, destrucción, hambre, guerra y violencia.
Llámenme iluso, llámenme utópico retrógrado, llámenme bien educado.
El día que mueren nuestros sueños e ilusiones morimos como personas.
Seamos pues educados, señores y señoras.
Seguiremos siendo igual de pobres, igual de feos, igual de desconocidos pero les aseguro que seremos más felices.....y díganme ustedes... ¿quién no quiere ser feliz?

Rei

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