descripcion

lunes, septiembre 03, 2007

PEREZA

Por fin estamos de vuelta; y cuando digo por fin no lo digo con el ánimo de desahogo o de celebración sino con el mero sentido de finalidad, de fin, se acabó lo que se daba. De nuevo al tajo; a menos que nos rompamos en un descuido algún dedo meñique (inservible capricho de la naturaleza) y estemos cinco semanitas más con el pijama puesto día y noche, la barba sin afeitar y una idea fija, casi cíclica, en la cabeza: qué hay para comer, bueno a veces dos: qué hay para comer y qué hay para beber. Hay gente que puede tener incluso tres, embotando así su cerebro estival: qué hay para comer, qué hay para beber y qué dan por la tele; pero eso, cuando llegas a cierta edad, se te hace muy cuesta arriba.
Pues eso, de vuelta estoy con un estado de post-pereza que se me hace insalvable a día de hoy porque la pereza es una dolencia endémica vacacional que se presenta como un simple hábito: el hábito de no hacer nada. Ese hábito se convierte en un vicio y como el que no quiere la cosa en un modo de vida y sin apenas darte cuenta ya estás enganchado.
Y en esas me encuentro ahora con temblores y sudores fríos provocados por un mono insufrible de tumbarme a la bartola.
He sopesado pedir ayuda a algún profesional pero me daba pereza y he optado por buscar el significado de mi dolencia en el diccionario.

Pereza:
1 Negligencia, tedio o descuido en las cosas a que estamos obligados.
2 Flojedad, descuido o tardanza en las acciones o movimientos.
3 Ven. perezoso (mamífero desdentado).

No podía salir de mi asombro. Ante mis ojos se encontraban algunas de las fases por las que había pasado convenciéndome así de que mi dolencia era cierta y de la corrección de mi autodiagnóstico.
Recuerdo que por los tres primeros síntomas pasé antes de empezar las vacaciones. Era justo la última semana de trabajo y había tenido ciertas faltas de atención al hacer mi trabajo, digamos que: algunos descuidos. Más tarde vino el tedio, ya no soportaba seguir trabajando, me aburría, no tenía interés; y por último el comportamiento negligente: que les den; ya no hago nada más.
El segundo estado y sus respectivos síntomas me sobrevinieron ya entradas las vacaciones: sentía una flojera enfermiza y una lentitud de movimientos que me impedía atinar en los trabajos más simples y cotidianos. Cosa que sufrían, y no precisamente en silencio, mis allegados y familiares. Aunque debo agradecerles a sus gritos y reproches no haberme hecho entrar en la tercera fase y acabar siendo un mamífero desdentado.
Así que he pensado que volviendo a escribir alguna cosilla para vosotros podría ayudarme a sobrellevar el mono y así ha sido. Ya no sudo y los temblores se han suavizado.
Quiero recomendar para los muy enfermos el día mundial de la pereza que se celebra el último domingo de agosto en la ciudad colombiana de Itagüí. Aunque, sinceramente, yo no entiendo cómo pueden tener ganas de celebrarlo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

ji ji ji ji