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martes, diciembre 04, 2007

CHARLATANES

Hace tiempo que no escribo sobre nada. No sé que me ha pasado este último mes, o puede que más. Una posibilidad es que no me haya interesado absolutamente nada lo suficiente para malgastar mi tiempo y el vuestro en divagaciones sin sentido, aunque tened en cuenta que lo hago con el mayor de los afectos hacia vosotros y hacia vuestras amuebladas cabezotas. Otra posibilidad sería que no me gusta hablar sin decir nada, prefiero hablar cuando tengo algo que decir que viene a ser lo mismo, y como podéis apreciar, sigo sin decir nada. Y sabéis, eso es algo que odio profundamente, odio a la gente que habla sin decir nada, me irrita hasta convertirme en un puto neandertal acabado de salir de las cavernas; me siento como un greñudo en taparrabos con un basto en una mano y los pelos de mi amada esposa en la otra; como un animal deslenguado en busca del fuego; pero es algo que, por lo general, ocurre con demasiada frecuencia y que nuestra dilatada historia y en consecuencia nuestra herencia genética nos ayuda a lidiar con una leve sonrisa de aprobación y un desahogo mental del tipo: así se te atragante el bocadillo de panceta y le comas la cabeza a tos tus muertos. Porque esto es muy típico de los desayunos, comidas y cenas de empresa, de las que en el caso de estas últimas, disfrutaréis, o no, de aquí a pocas fechas. Y es que, como es sabido, el que menos en una cena de éstas es ingeniero espacial en excedencia pero prefiere vivir con un sueldo de mierda y además con solo un par de pelotazos te lo justifica y yo con un par más le doy la razón porque no hay nada como ver la vida desde ese prisma empañado de tabaco y alcohol. Al principio, con el vaso lleno, no aprecias lo que hay detrás; pero con cada sorbo recibes un curso acelerado de aeronáutica, políticas, artes marciales y dirección de empresas, y una vez vacío, es claro y transparente, te ves reflejado en él, y te ves más guapo, más listo y menos calvo. Y a la postre todos disfrutamos de una velada elegante, amena y locuaz.
Pero no me refiero a estos especímenes que somos todos sino a los embotados crónicos, a esos que se embriagan con solo escuchar su voz, a los comecabezas sin aditivos. A esos que hablan de todo y lo que no saben se lo inventan porque piensan que eres tan necio que no vas a notar la diferencia porque presumen que te están dando clases de la vida, porque creen que les escuchas cuando simplemente dejas hacer a tu herencia genética para no dejar salir al puto neandertal que te batea en el pecho.
Seguro que todos tendréis que aguantar en estas fechas a personajes de este tipo. Por mi parte, yo solo os puedo dar un consejo: simplemente, tomaos una cañita.
Yo lo hago cada mañana.


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